Te escribo desde octubre de dos mil veintisiete para recordarte que este drama corporativo también pasará. Ese compañero de oficina tan absolutamente inútil que todos odiamos en secreto acaba de conseguir un ascenso inmerecido, y tu único mecanismo de defensa es subir indirectas pasivo-agresivas a tus historias de Instagram. En lugar de hacer algo productivo, te pasas la tarde publicando canciones deprimentes de Lana Del Rey mientras la fría y cortante niebla otoñal devora las calles de la ciudad. Estás revisando las visualizaciones cada tres minutos, rogando al cielo que ese chico musculoso del gimnasio finalmente note tu profundo sufrimiento estético. Un año después, te vas a reír a carcajadas de la energía que desperdiciaste en esta venganza virtual tan patética. Deja de espiar las publicaciones del nuevo novio de tu ex y suelta el puto teléfono antes de que tu perfil se convierta en un cementerio digital.
✅ SÍ:bloquear a todos tus ex en LinkedIn, tomarte un aperol spritz a las doce
❌ NO:subir selfies llorando a mejores amigos, responder fueguitos a perfiles sin foto